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Meningitis: síntomas, causas y cuándo acudir de inmediato a urgencias

17 min de lecturaRevisado médicamenteEscrito por Anna Sipilä

Puntos clave

  • La meningitis es la inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal, y sus síntomas típicos son fiebre, dolor de cabeza intenso y rigidez de nuca.
  • La meningitis vírica suele ser leve y curarse sola, mientras que la meningitis bacteriana es grave y requiere tratamiento hospitalario inmediato con antibióticos intravenosos.
  • En los bebés y niños pequeños la rigidez de nuca a menudo falta, y un bebé menor de tres meses con fiebre debe ser valorado siempre por un médico con rapidez.
  • La confusión, la disminución del nivel de consciencia, las manchas de sangrado en la piel y el desplome del estado general exigen acudir de inmediato a urgencias o llamar al número de emergencias.
  • Las vacunas contra el neumococo y el meningococo protegen frente a las bacterias causantes más habituales, y la sospecha de meningitis nunca se atiende a distancia.
Meningitis: síntomas, causas y cuándo acudir de inmediato a urgencias
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La meningitis es la inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal, llamadas meninges. En la mayoría de los casos la causa un virus, y entonces la enfermedad suele ser leve y se cura por sí sola, pero la meningitis bacteriana es grave y requiere tratamiento hospitalario inmediato. Los síntomas típicos son fiebre, dolor de cabeza y rigidez de nuca. En este artículo explicamos cómo reconocer los síntomas, en qué se diferencian la forma vírica y la bacteriana, cómo se trata la enfermedad y cuándo hay que buscar ayuda sin demora.

La meningitis en resumen: qué ocurre en las meninges

El cerebro y la médula espinal están protegidos por un sistema de tres membranas, en cuyo interior circula el líquido cefalorraquídeo. Cuando un microorganismo llega a este espacio, las membranas se inflaman y se hinchan, lo que provoca el característico dolor de cabeza intenso y la rigidez de nuca. La meningitis no es lo mismo que la encefalitis, en la que la inflamación afecta al propio tejido cerebral. En el lenguaje cotidiano ambas se confunden a veces con facilidad.

La gran mayoría de los casos se deben a virus o a bacterias, y estas dos formas de la enfermedad son radicalmente distintas. La meningitis vírica suele ser leve y no pone en peligro la vida. La meningitis bacteriana, en cambio, es una infección generalizada grave que puede progresar en cuestión de horas y que conlleva una mortalidad considerable si no se trata con rapidez. Entre las causas menos frecuentes se encuentran los hongos y algunos parásitos.

Afortunadamente, la meningitis es poco frecuente, sobre todo en su forma bacteriana. Las vacunas han reducido notablemente los casos graves en las últimas décadas. Aun así, conviene saber reconocerla, porque actuar con rapidez marca una gran diferencia.

Causas de la meningitis: virus y bacterias

Entre los virus, los causantes más habituales de meningitis son los enterovirus, que por lo demás provocan sobre todo infecciones respiratorias e intestinales. Son especialmente frecuentes a finales del verano y a principios del otoño. Otros posibles causantes son, por ejemplo, el virus del herpes simple, los virus de la varicela y de las paperas y el virus de la encefalitis transmitida por garrapatas. Una meningitis vírica leve puede formar parte, en ocasiones, de una infección vírica común, y entonces se manifiesta únicamente como un dolor de cabeza más fuerte o más prolongado de lo habitual.

Entre las bacterias, las más frecuentes en adultos son el neumococo, el meningococo y la listeria. Las infecciones por neumococo y por listeria son más comunes en personas mayores, mientras que el meningococo es más habitual en niños y adultos jóvenes. La listeria es poco frecuente, pero supone un riesgo especial para las personas mayores, las embarazadas y quienes tienen las defensas debilitadas. Entre las causas bacterianas menos habituales se encuentran, por ejemplo, la borrelia y el bacilo de la tuberculosis.

En los recién nacidos y en los bebés de pocas semanas, los causantes son en parte distintos, como el estreptococo del grupo B. Por este motivo, un bebé menor de tres meses con fiebre debe ser valorado siempre por un médico con rapidez, aunque no presente otros síntomas.

Grupos de riesgo y factores predisponentes

Cualquier persona puede enfermar de meningitis, pero algunos grupos son más propensos a sufrir la forma bacteriana grave. Entre ellos se encuentran las personas mayores, los bebés y los niños pequeños, las embarazadas y quienes tienen las defensas debilitadas por una enfermedad o por su medicación. La extirpación del bazo también aumenta la vulnerabilidad a ciertas infecciones bacterianas, por lo que a estas personas se les recomienda vacunarse.

El meningococo se transmite por gotitas a través de las secreciones respiratorias y es más frecuente en adultos jóvenes y en grupos que conviven de forma estrecha. La listeria, por su parte, puede transmitirse a través de los alimentos, por ejemplo de determinados productos ahumados en frío o sin pasteurizar, y supone un riesgo sobre todo para las embarazadas y las personas mayores. Tras una intervención quirúrgica en el cerebro o en la columna vertebral, los estafilococos pueden causar la inflamación en raras ocasiones.

La falta de vacunación es uno de los factores de riesgo más importantes sobre los que uno mismo puede influir. También aumenta el riesgo una estancia prolongada en zonas donde la enfermedad meningocócica es frecuente. Por eso se recomienda a los viajeros vacunarse antes de este tipo de viajes.

Meningitis: síntomas en adultos

Los síntomas de la meningitis suelen aparecer con rapidez. Los más característicos son fiebre, dolor de cabeza intenso y rigidez de nuca, y a menudo se acompañan de náuseas, vómitos y sensibilidad a la luz. La rigidez de nuca significa que resulta difícil o doloroso flexionar la barbilla hacia el pecho, y no se debe a un dolor de cuello corriente. También puede resultar imposible sentarse sobre una superficie plana con las piernas estiradas.

En la meningitis bacteriana, la fiebre suele ser alta y el estado general se deteriora bruscamente en uno o dos días, a veces incluso en horas. Los síntomas pueden incluir confusión, disminución del nivel de consciencia, somnolencia anormal y convulsiones. En la infección meningocócica pueden aparecer en la piel pequeñas o grandes manchas de sangrado, rojas o violáceas. En personas de edad muy avanzada la enfermedad puede cursar incluso sin fiebre, y el único signo puede ser un rápido empeoramiento del estado general.

En la meningitis vírica los síntomas son de tipo similar, pero más leves. La fiebre rara vez es tan alta como en la forma bacteriana, y la enfermedad no se acompaña de alteraciones de la consciencia ni de otros síntomas neurológicos. El estado general suele mantenerse razonablemente bueno, y la enfermedad se cura normalmente en un par de semanas, aunque la tendencia al dolor de cabeza puede persistir durante varias semanas.

La evolución de los síntomas puede dar una pista sobre el tipo de meningitis del que se trata. En la forma vírica, los síntomas suelen mantenerse estables o empezar a mejorar durante los tres primeros días, mientras que en la bacteriana empeoran día a día. Sin embargo, no es posible distinguir con seguridad ambas formas solo por los síntomas, y por eso la sospecha requiere siempre una exploración médica.

Diferencias con el dolor de cabeza común, el resfriado y la migraña

La fiebre y el dolor de cabeza acompañan a casi todos los resfriados, y la gran mayoría de los dolores de cabeza con fiebre se deben a una infección vírica totalmente común. En el resfriado, el dolor de cabeza suele ir acompañado de mucosidad, dolor de garganta o tos, y la persona mejora con reposo y analgésicos. Puede sentirse cansada, pero piensa con normalidad y puede flexionar el cuello, aunque le duelan los músculos.

En la migraña, el dolor de cabeza puede ser muy intenso y acompañarse de náuseas y sensibilidad a la luz, es decir, de los mismos síntomas que en la meningitis. Sin embargo, la migraña no suele producir fiebre, y muchas personas reconocen la crisis por episodios anteriores. Si el dolor de cabeza es el peor de su vida, empieza de forma repentina como un rayo o difiere claramente de las crisis anteriores, conviene buscar valoración inmediata, independientemente de cuál sea finalmente su causa.

Las combinaciones de alarma son la fiebre junto con rigidez de nuca, confusión o manchas de sangrado en la piel, así como un estado general que empeora rápidamente. Un resfriado común rara vez hace que el estado general se desplome en pocas horas. Si algo le parece ahora distinto de una enfermedad habitual, confíe en su instinto y busque ayuda.

La meningitis en bebés y niños

En los niños, los síntomas de la meningitis son en gran medida los mismos que en los adultos: fiebre alta, dolor de cabeza, vómitos, cansancio, sensibilidad a la luz y rigidez de nuca. Sin embargo, en los niños pequeños y en los bebés la rigidez de nuca a menudo no aparece. En ellos, las señales pueden ser molestia al ser manipulados, un llanto anormal o agudo, flacidez y que el niño no reaccione a su entorno como de costumbre.

Una convulsión también puede ser el primer síntoma. Un rápido empeoramiento del estado general de un niño con fiebre, las extremidades frías, los cambios de color de la piel y la aparición de manchas de sangrado en la piel son señales por las que hay que acudir de inmediato a urgencias. En los niños, la meningitis puede progresar en pocas horas.

La meningitis vírica es mucho más frecuente en los niños que la bacteriana. En ese caso, los niños suelen estar en buen estado general y se recuperan en pocos días. Como no es posible distinguir las formas solo por los síntomas, la sospecha se estudia siempre en el hospital. Una vez descartada la forma bacteriana, el niño que se recupera de la forma vírica puede curarse normalmente en casa, y los síntomas se alivian con antiinflamatorios.

Es útil que los padres sepan que la mayoría de las fiebres infantiles se deben a infecciones víricas comunes, y que un niño puede estar juguetón y despierto incluso con fiebre mientras actúa el antitérmico. Lo preocupante es precisamente que el niño esté flácido, cueste despertarlo o no responda al contacto a pesar del antitérmico. En ese caso no conviene quedarse dudando, sino salir de inmediato hacia urgencias.

Cuándo acudir al médico o a urgencias

En casa se puede vigilar un resfriado común con fiebre que se acompaña de un dolor de cabeza leve, siempre que el estado general se mantenga aceptable y los síntomas empiecen a mejorar en pocos días. La fiebre y el dolor de cabeza son muy frecuentes en las infecciones víricas y, por sí solos, no hacen sospechar una meningitis bacteriana. En estos casos suelen bastar el reposo, una hidratación suficiente y, si es necesario, un analgésico que baje la fiebre.

Conviene solicitar una valoración médica si la fiebre y el dolor de cabeza continúan sin aliviarse durante más de tres días, aunque no haya otros síntomas. También es recomendable consultar si el dolor de cabeza es más intenso de lo habitual, si vomita repetidamente o si ha estado en contacto estrecho con una persona diagnosticada de enfermedad meningocócica. Asimismo, un bebé menor de tres meses con fiebre debe ser valorado siempre por un médico con rapidez.

Hay que acudir de inmediato a urgencias o llamar al número de emergencias si la fiebre se acompaña de un empeoramiento claro y rápido del estado general, rigidez de nuca, confusión, alucinaciones, somnolencia anormal, disminución del nivel de consciencia, convulsiones, entumecimiento o síntomas de parálisis en la cara o en las extremidades, o manchas de sangrado en la piel. En estas situaciones no hay que esperar, sino actuar de inmediato. La sospecha de meningitis no es un asunto para una consulta a distancia, sino que requiere siempre una exploración en el hospital.

Qué hacer si sospecha una enfermedad grave

Si un familiar está confuso, anormalmente somnoliento o su estado empeora con rapidez, llame al número de emergencias en lugar de llevarlo usted mismo en coche. El servicio de emergencias valorará la situación y le dará instrucciones, y en la ambulancia el tratamiento puede comenzar ya durante el trayecto. Si el estado todavía es aceptable y el traslado puede hacerse de forma segura, puede dirigirse directamente a urgencias.

No espere a que aparezcan manchas en la piel, ya que no todas las personas afectadas las presentan y pueden aparecer tarde. En urgencias, explique cuándo empezaron los síntomas, cómo han evolucionado, si el paciente está vacunado y si ha estado en contacto estrecho con una persona enferma. Esta información agiliza la valoración y ayuda al médico a elegir las pruebas adecuadas.

Diagnóstico de la meningitis

En urgencias, el médico explora al paciente y comprueba especialmente la rigidez de nuca, el nivel de consciencia y el funcionamiento del sistema nervioso. Los análisis de sangre, como los marcadores de inflamación, pueden ayudar a diferenciar la forma bacteriana de la vírica, pero por sí solos no bastan para una distinción segura. La prueba más importante es la punción lumbar, en la que se extrae con una aguja fina una muestra de líquido cefalorraquídeo de la parte baja de la espalda.

La muestra de líquido cefalorraquídeo permite confirmar si se trata de una meningitis y, a menudo, identificar también el causante y a qué antibiótico es sensible la bacteria. Con frecuencia se realiza además una prueba de imagen del cerebro para descartar, por ejemplo, un aumento de la presión intracraneal, un absceso o una encefalitis simultánea. Si los síntomas y la evolución de la enfermedad son muy típicos de la forma vírica, no siempre se necesitan todas las pruebas.

A muchas personas la punción lumbar les suena intimidante, pero es un procedimiento rutinario que se realiza con anestesia local. Saber si la causa es una bacteria o un virus determina el tratamiento.

Tratamiento de la meningitis

La meningitis bacteriana se trata siempre en el hospital con antibióticos intravenosos, y el tratamiento se inicia en cuanto surge la sospecha. Para reducir la presión intracraneal se utiliza a menudo un corticoide. En los casos más graves, el paciente permanece los primeros días en la unidad de cuidados intensivos, y gracias al tratamiento la gran mayoría se recupera bien.

No obstante, la meningitis bacteriana puede dejar secuelas en una parte de los afectados, por ejemplo problemas de audición o de visión u otros síntomas neurológicos. Por eso se hace un seguimiento de la recuperación tras el alta hospitalaria, y la audición, por ejemplo, suele evaluarse por separado. Iniciar el tratamiento con rapidez es la mejor manera de reducir el riesgo de secuelas.

La meningitis vírica suele curarse por sí sola con reposo, una vez descartada la forma bacteriana. Los síntomas pueden aliviarse con antiinflamatorios, y la recuperación a menudo tiene lugar en casa. Para algunos virus, como el del herpes, el de la varicela y el de la gripe, existe un antivírico que se utiliza cuando es necesario.

Recuperación y seguimiento después de una meningitis

Tras una meningitis vírica, muchas personas vuelven a su vida normal en un par de semanas, aunque el cansancio y la tendencia al dolor de cabeza pueden prolongarse. Mantenerse ligeramente activo durante la recuperación no retrasa la curación, y conviene aumentar el esfuerzo poco a poco según cómo se encuentre. Si el dolor de cabeza vuelve a empeorar o se acompaña de fiebre, es aconsejable ponerse en contacto con un médico.

Tras una meningitis bacteriana, la recuperación suele durar más, y en las visitas de seguimiento se comprueba si han quedado secuelas. La pérdida de audición, las dificultades de concentración, los problemas de memoria o los cambios en el estado de ánimo son aspectos que conviene comentar con el médico. Muchos de ellos mejoran con el tiempo, y hay apoyo disponible.

La vuelta al trabajo o a los estudios conviene planificarla según el estado de cada persona. Después de una hospitalización larga puede ser útil empezar con una jornada reducida, si es posible. Dormir lo suficiente, comer con regularidad y hacer ejercicio suave favorecen la recuperación, mientras que volver demasiado rápido a la carga completa puede prolongar el cansancio. Si es necesario, explique a su empresa o a sus profesores que la concentración puede ser algo menor de lo habitual durante un tiempo.

Una enfermedad grave también es dura para los familiares, y el miedo a que la enfermedad vuelva es una reacción habitual. Si la preocupación, los miedos o los problemas de sueño continúan durante semanas después de la recuperación, conviene hablarlo con el médico. Hay apoyo disponible tanto para la persona que ha estado enferma como para su familia.

Prevención de la meningitis y vacunas

Existen vacunas contra el neumococo y el meningococo, y las vacunaciones infantiles generales han reducido de forma notable las meningitis bacterianas graves. Hay varios serogrupos de meningococo, de los cuales los más importantes son A, B, C, W, X e Y. Existen vacunas contra los grupos A, C, W e Y y, por separado, contra el grupo B. La vacunación se recomienda, por ejemplo, a los viajeros que van a pasar una larga temporada en zonas donde la enfermedad es frecuente, así como a determinados grupos de riesgo, como las personas a las que se les ha extirpado el bazo.

Por lo general, la meningitis no se contagia por contacto cercano con otra persona, y enfriarse o salir en invierno sin gorro no aumenta el riesgo. La excepción es la enfermedad meningocócica, aunque incluso en ese caso el riesgo es bajo. Cuando alguien enferma de enfermedad meningocócica, sus contactos cercanos, como los familiares, reciben una pauta corta de antibióticos como protección, y las autoridades sanitarias suelen encargarse de identificar a los contactos.

No existe una vacuna específica para prevenir la meningitis vírica, pero una buena higiene de manos reduce en general la propagación de las infecciones víricas. Las vacunas contra la varicela, las paperas y la encefalitis transmitida por garrapatas también reducen las complicaciones causadas por estos virus.

La enfermedad causada por la listeria puede prevenirse mediante la elección de los alimentos, lo que es especialmente importante durante el embarazo y en las personas mayores. Entre los productos de riesgo se encuentran los lácteos sin pasteurizar, el pescado ahumado en frío o marinado envasado al vacío y los platos preparados conservados durante mucho tiempo que no se calientan antes de consumirlos. Calentar bien los alimentos, mantener el frigorífico a una temperatura suficientemente baja y respetar las fechas de caducidad reducen el riesgo. Si pertenece a un grupo de riesgo, el médico o el personal de enfermería pueden darle indicaciones más detalladas.

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Cómo puede ayudar Dokport ante la sospecha de meningitis y durante la recuperación

Conviene decirlo con claridad: si sospecha una meningitis y los síntomas incluyen rigidez de nuca, confusión, manchas de sangrado en la piel o un desplome del estado general, no contacte con un médico en línea, sino acuda de inmediato a urgencias o llame al número de emergencias. En una consulta a distancia no es posible obtener una muestra de líquido cefalorraquídeo ni iniciar un tratamiento antibiótico intravenoso. En esta situación no hay tiempo que perder.

Sin embargo, a través de Dokport puede contactar rápidamente con un médico en línea en muchas situaciones relacionadas con la fiebre, el dolor de cabeza o la recuperación. El médico puede valorar por chat, por ejemplo, una infección con fiebre que se prolonga, ayudarle a evaluar si un dolor de cabeza es común o requiere un estudio más detallado, y orientarle si ha estado expuesto a la enfermedad meningocócica. También puede recibir una orientación individual sobre cuestiones relacionadas con las vacunas, por ejemplo antes de un viaje.

Después del alta hospitalaria, el médico puede ayudarle con las dudas propias de la fase de recuperación, como un cansancio o un dolor de cabeza que se prolongan tras una meningitis. Si lo considera apropiado según su valoración, el médico puede prescribir medicación o una baja laboral, y si es necesario le derivará a pruebas adicionales, a una consulta presencial o directamente a urgencias. El objetivo es ofrecer un acceso rápido, sencillo y seguro al apoyo médico, y eso incluye también una orientación honesta hacia el lugar adecuado cuando la atención a distancia no es suficiente.

Resumen

La meningitis es la inflamación de las membranas que rodean el cerebro, y sus síntomas más habituales son fiebre, dolor de cabeza intenso y rigidez de nuca. La forma vírica suele ser leve y se cura sola, pero la meningitis bacteriana es grave y requiere tratamiento hospitalario inmediato. La confusión, la disminución del nivel de consciencia, las manchas de sangrado en la piel y el desplome rápido del estado general son señales ante las que hay que actuar de inmediato.

Las vacunas protegen eficazmente frente a las bacterias causantes más habituales. Si la fiebre y el dolor de cabeza continúan sin aliviarse durante más de tres días, está indicada una valoración médica, aunque no haya otros síntomas. Ante cualquier señal de alarma, la opción correcta es siempre acudir a urgencias.

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Síntomas y tratamiento
FAQ

Preguntas frecuentes

¿Qué es la meningitis?
La meningitis es la inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal. Suele estar causada por un virus o por una bacteria.
¿Cuáles son los primeros síntomas de la meningitis?
Los primeros síntomas más habituales son fiebre, dolor de cabeza intenso y rigidez de nuca. A menudo se acompañan de náuseas, vómitos y sensibilidad a la luz.
¿Cómo se reconoce la rigidez de nuca?
Con rigidez de nuca resulta difícil o doloroso flexionar la barbilla hacia el pecho. No se debe a un dolor de cuello corriente, sino a la irritación de las meninges.
¿La meningitis es siempre grave?
La forma vírica suele ser leve y se cura por sí sola. La meningitis bacteriana, en cambio, es grave y requiere tratamiento hospitalario inmediato.
¿La meningitis es contagiosa?
Por lo general, la enfermedad no se contagia por contacto cercano con otra persona. La excepción es la enfermedad meningocócica, en la que los contactos cercanos reciben antibióticos como protección, aunque el riesgo de contagio es bajo.
¿Qué diferencia hay entre la meningitis y la encefalitis?
En la meningitis se inflaman las membranas que rodean el cerebro, y en la encefalitis, el propio tejido cerebral. La encefalitis se acompaña con más frecuencia de confusión y otros síntomas neurológicos.
¿Cómo se diagnostica la meningitis?
La prueba más importante es la punción lumbar, en la que se obtiene una muestra de líquido cefalorraquídeo. Además se realizan análisis de sangre y, a menudo, una prueba de imagen del cerebro.
¿Cómo se trata la forma bacteriana?
El tratamiento consiste en antibióticos intravenosos administrados en el hospital, que se inician en cuanto surge la sospecha. A menudo también se utiliza un corticoide para reducir la presión intracraneal.
¿Cuánto dura la recuperación de una meningitis vírica?
La enfermedad suele curarse en un par de semanas. Sin embargo, el cansancio y la tendencia al dolor de cabeza pueden continuar durante varias semanas.
¿Qué síntomas puede tener un bebé?
En los bebés la rigidez de nuca a menudo no aparece, y los síntomas pueden ser molestia al ser manipulados, llanto anormal, flacidez y poca reacción al entorno. Un bebé menor de tres meses con fiebre debe llevarse siempre al médico con rapidez.
¿Qué significan las manchas en la piel de la infección meningocócica?
En la infección meningocócica pueden aparecer en la piel pequeñas o grandes manchas de sangrado, rojas o violáceas. Son una señal de alarma por la que hay que acudir de inmediato a urgencias.
¿La vacuna protege contra la meningitis?
Las vacunas contra el neumococo y el meningococo protegen frente a las bacterias causantes más habituales. No existe una vacuna específica contra la forma vírica.
¿Puede un enfriamiento causar meningitis?
No, enfriarse o salir sin gorro no aumenta el riesgo. La enfermedad se debe a microorganismos, no al frío.
¿La meningitis deja secuelas permanentes?
La forma vírica suele curarse sin secuelas. La forma bacteriana puede dejar en algunas personas problemas de audición o de visión, por lo que se hace un seguimiento de la recuperación.
¿Cuándo hay que ir al médico por fiebre y dolor de cabeza?
Está indicada una valoración médica si la fiebre y el dolor de cabeza continúan sin aliviarse durante más de tres días. Hay que acudir de inmediato a urgencias si se acompañan de rigidez de nuca, confusión o manchas de sangrado en la piel.
¿Puede un médico en línea tratar la meningitis?
La sospecha de meningitis requiere siempre una exploración en el hospital y no puede tratarse a distancia. Un médico en línea puede ayudar en infecciones con fiebre más leves, en dudas sobre una posible exposición y durante la fase de recuperación.
¿Qué hago si he estado en contacto estrecho con una persona con enfermedad meningocócica?
Póngase en contacto con un médico, que valorará si necesita una pauta de antibióticos como protección. Por lo general, las autoridades sanitarias identifican a las personas expuestas y les dan instrucciones.